La oración diaria

«Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos» (Efesios 6:18).
Leer: Efesios 6:18-19

11 de Agosto: Eclesiastés 7−9; 2 Corintios 13
El cantautor Robert Hamlet le escribió una canción a su madre por su determinación a orar por sus hijos todas las mañanas antes de que fueran a tomar el autobús. Cuando una joven madre lo escuchó cantarla, se comprometió a orar por su propio hijito. ¡El resultado fue enternecedor! A los cinco minutos, volvió… ¡acompañado de cinco amigos! La madre se sorprendió y preguntó qué pasaba, y él respondió: «Sus mamás no oraron con ellos».

Una de las cosas que hago con mis nietos antes de llevarlos al Nido, pongo mis manos sobre sus cabecitas y oro por ellos. Ellos están quietos mientras oro. Luego, alegres, salimos a la escuelita. Les enseño a depender de Dios al salir de la casa. Cuando están adentro, es mi responsabilidad cuidarlos; pero cuando están afuera es la responsabilidad de Dios. Yo nada puedo hacer, solo confiar en el amoroso y fiel cuidado del Señor para con ellos.

En Efesios, Pablo nos insta a orar «en todo tiempo con toda oración y súplica» (6:18). Demostrar nuestra dependencia diaria de Dios es vital en una familia, ya que muchos niños aprenden desde temprano a hacerlo al observar la fe genuina de las personas más cercanas a ellos: (2 Timoteo 1:5). La mejor manera de enseñarles a nuestros hijos la importancia suprema de la oración es orar por y con ellos. Es una de las maneras en que empiezan a percibir la imperiosa necesidad de acudir personalmente a Dios con fe.

«Toda oración», significa «cualquier forma u orden de oración», o sea, el método específico con que se libra la batalla espiritual. La oración debe incluir una «súplica en el Espíritu»; es decir, orar dependiendo del Espíritu en los temas que debemos tratar. Esto significa que debemos entregarnos con constancia y fe a la oración. Deja que Dios cambie las oraciones de tu vida en una vida de oración.

Tus hijos necesitan padres que oren por ellos. No esperes que otros lo hagan. Es tu privilegio orar por tus hijos diariamente. Yo lo hago. Siempre lo hice. Es mi deber hacerlo porque los amo. Lo hago diariamente. Nuestros tres hijos son buenos cristianos. Tienen la «fe no fingida» en Dios. No la fe de sus padres, sino la fe de Cristo.

Betsy, la mayor, se casó con un buen cristiano, y es la directora de Alabanzas en nuestra iglesia. Becky, la segunda, se casó con un pastor, y juntos sirven al Señor. Billy, el último, está preparándose en el Seminario en Guatemala para el ministerio, y se casó con una bella joven graduada del Seminario. Fue la gracia de Dios que hizo que nuestros hijos sean buenos cristianos, y esta gracia alcanzará también a nuestros nietos.

Cuando instruimos «al niño en su camino», siendo un modelo de «fe no fingida» en Dios (Proverbios 22:6; 2 Timoteo 1:5), le damos un regalo especial, una seguridad de que el Señor está siempre presente en nuestras vidas, amándonos, guiándonos y protegiéndonos continuamente (chk).

«Señor, ayúdame a depender de ti cada día y en todo momento».

Las oraciones diarias aminoran las preocupaciones cotidianas.

Ten buen ánimo!!

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