¿Celos?

«De aquel día en adelante Saúl miró a David con recelo» (1 Samuel 18:9 LBLA).

19 de Mayo: 1 Crónicas 25–27
Casi todos los días paso tiempo con mis dos nietos: Mateo de seis años, y André de dos. De alguna manera Mateo saca a luz algo de su celo por su hermanito menor. A veces le pone el pie a André para que se caiga; o cuando le digo a André que se lave las manos, Mateo corre para ganarlo, y eso no le gusta a André. Por supuesto que su celo es pequeño en comparación con la de nosotros los mayores, pero lo tiene, que es natural del hermano mayor. Es un un celo santo e inocente que se podría malograr si no le enseñamos. Su abuelita le corrige inmediatamente y Mateo es muy obediente.

Mateo experimenta el antiguo sentimiento de los celos. Al escuchar el emocionante relato de su hermano en el Nido, olvida cuánto se había divertido en el Nido al lado de su maestra y amiguitos.
El rey Saúl cedió ante el monstruo de la envidia y los celos cuando los elogios para David fueron mayores que los suyos: «Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles» (1 Samuel 18:7). Desde ese momento, «Saúl no miró con buenos ojos a David» (v. 9). ¡Estaba tan enfurecido que quiso matarlo!
El juego de la comparación es insensato y autodestructivo. Los demás siempre tendrán algo que queramos, pero Dios ya nos ha dado muchas bendiciones, incluida la vida en esta Tierra y la promesa de la vida eterna para los que creen. Depender de su ayuda y concentrarnos en Él con gratitud puede ayudarnos a superar los celos.

1 Corintios 13:4, dice que el amor…no tiene envidia». El amor se alegra cuando el otro se supera, crece, recibe un mejor sueldo, o se gradúa con honores, o le ponen en un mejor puesto. «El amor no tiene envidia»; en razón de que no es posesivo y competitivo, sino que desea lo mejor para los demás. Por lo tanto, «no es jactancioso». Pablo a los romanos, les dijo: «Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran» (12:15). Me he dado cuenta que es más fácil llorar con los que lloran, que gozarnos con los que se gozan. Es difícil gozarnos con el éxito, la prosperidad, la bendición de otros. Y eso significa que nos falta más amor. Porque el amor se goza con los que se gozan,

En el ministerio los celos son de cada día. Muchas veces los líderes zapatean al otro cuando este tiene un ministerio fructífero. Los líderes quieren ser principales, y no pastores de segunda o asistentes. Esta es una enfermedad del líder. No queremos ceder. Sentimos celos cuando al otro le pagan más, o la gente le quiere.

Podemos superar los celos, no solamente teniendo un corazón de gratitud a Dios por sus abundantes bendiciones, sino también reconociendo que lo que somos y tenemos es por la gracia de Dios, no porque lo merecemos. Pero también viendo que no necesito de mis celos para poder servir y agradar al Señor. Si servimos con humildad y alegría al Señor habremos ganado la batalla ( AK).

«Señor, te alabamos por darnos vida y la promesa de vida eterna si te aceptamos como nuestro Salvador».
El remedio para los celos es la gratitud a Dios.

Ten buen ánimo!!

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