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Esperar en dios

Esperar en dios

“Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza” (Salmo 62:5)

4 de Abril
¿Alguna vez te has sentido como si tus oraciones rebotaran en el techo? ¿Te sientes frustrado porque parece que Dios estuviese distante o no le importa lo que te pasa? ¿Estás cansado de esperar y suplicar? Todos en alguna ocasión u otra hemos sentido a Dios lejos. Sin embargo, su proximidad a nosotros no depende de si lo sentimos o no. Como puedes ver, comprender el sentido de Dios durante esos momentos difíciles es vital para nuestra vida espiritual.

El problema de nosotros no es que Dios esté distante. Si en realidad fuésemos honestos, en ocasiones la manera en que Dios hace las cosas puede llevarnos sentirlo lejos porque no lo entendemos y porque tendemos a querer lo queremos ya. Pero Dios nos da lo que necesitamos cuando lo necesitamos. Ahora bien, hay una enorme diferencia entre querer lo que queremos cuando lo queremos y necesitar lo que necesitamos cuando lo necesitamos. La diferencia entre esas dos es la espera.
La realidad de las cosas es que Dios no tiene prisa. Él literalmente tiene todo el tiempo del mundo. Como puedes ver, Dios es eterno y por consiguiente no tiene conciencia del tiempo. Si analizas la vida de Jesús te darás cuenta que nunca anda apresurado. De hecho, pareciera que se demoraba a propósito cuando otros sentían que se les terminaba el tiempo.

Lo que sucede es que pensamos que si Dios no actúa cuando nosotros se lo pedimos perderemos la oportunidad o los recursos para que se nos facilite la vida. Nos gusta estar preparados. Pero como Dios tiene todo el tiempo y los recursos siempre llega justo a tiempo, ni un minuto tarde ni un minuto temprano.
¿Sabes qué pasaría si Dios llegase temprano? No lo apreciaríamos. No viviríamos por fe; viviríamos por suposición y presunción y nunca reconoceríamos nuestra necesidad de un Dios que siempre llega justo a tiempo.

De manera que la próxima vez que tengas que esperar recuerda tres cosas:
1) Esperar renueva nuestras fuerzas
2) Esperar refine nuestro carácter
3) Esperar reenfoca nuestro propósito
Así que mientras esperes no tengas miedo. No te preocupes. No te desanimes. No te desesperes. Dios es paciente con nosotros y a veces se demora por nuestro propio bien.

Vivimos en un mundo donde, por lo general, todo es
urgente. Cuando queremos algo y no podemos conseguirlo, solemos quejarnos y exigir. Otras veces, abandonamos y nos enfocamos en otra cosa si lo que deseamos no puede satisfacerse de inmediato. ¡”Espera” es una palabra que no nos gusta escuchar! Sin embargo, la Biblia nos dice muchas veces que Dios desea que esperemos en Él hasta que llegue el momento apropiado para que algo suceda.
Esperar en Dios significa acudir con paciencia a Él para que supla nuestras necesidades. David entendió por qué tenía que esperar en el Señor.

En primer lugar, su salvación provenía de Él (Salmo 62:1). Aprendió que nadie más podía librarlo. Segundo, Su única esperanza estaba en Dios (v. 5). Tercero, porque solamente Él escucha nuestras oraciones (v. 8).
A menudo, las oraciones son para pedirle al Señor que se apresure a bendecir lo que queremos hacer. ¿Qué pasaría si la respuesta de Dios fuera simplemente: “sé paciente; espera en mí”?

Oremos junto con David: “Oh Señor, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré” (Salmo 5:3). Podemos confiar en su respuesta, aunque esta no llegue en el momento esperado.
El fundamento de toda oración debería ser: “Tu voluntad sea hecha”.

Ten buen ánimo!!

Lucas Grández Navarro

Lucas Grández Navarro

Lucas Grández nació en San Martín, Perú. Estudió en la Universidad Seminario Evangélico de Lima (USEL). Tuvo su Maestría en Teología en el Seminario Teológico Centroamericano de Guatemala (SETECA). Obtuvo su Doctorado en Ministerio (DMin), en Dallas Theological Seminary, USA. Estudió Pedagogía en la Universidad Particular "Francisco Marroquín" de Guatemala. Ex Capellán de la Universidad Seminario Evangélico de Lima (USEL); Pastor y profesor de la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera, Lima, y Catedrático de la Universidad SEL, en la carrera de Ministerio Pastoral. Casado con Sara, tienen tres hijos, y tres nietos, con quienes comparten el ministerio, y con más de 40 años en el trabajo pastoral.