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¿Está mal enojarse con Dios?

¿Está mal enojarse con Dios?

Dios no se enfada con nosotros, más bien nos entiende cuando nos sentimos así.

Dios es perfectamente santo, justo, sabio y controla todas las cosas y destina todas las cosas acorde a su buena complacencia y voluntad (Isaías 6:3-5; Efesios 1:3-11). Su voluntad es perfecta y está fuera de nuestro conocimiento o comprensión. No podemos ser Sus consejeros y por lo tanto no estamos en posición de hacerlo responsable (Romanos 11:33-36). Para añadir a esto, Dios es misericordioso en Su provisión diaria de vida y aliento para nosotros (Isaías 42:5).

Independientemente de si somos Cristianos o no, la misericordia de Dios nos permite disfrutar de Su creación y los beneficios de la misma (Mateo 5:45). No podemos compensar a Dios y Él no nos debe nada. La Escritura es clara en que la mano misericordiosa de Dios nos permite existir, incluso cuando nuestras acciones, palabras y pensamientos ofenden continuamente Su santidad (Romanos 1:18-3:20). ¿Quiénes somos para argumentar contra Dios o para disputar con Él? (Job 42:2-6).

En la Escritura, vemos una distinción entre el enojo justo e injusto. Muchas veces, si nuestro enojo es justo, solo dura por un segundo antes de convertirse en injusto. Por lo tanto, se nos dice que en nuestro enojo, no pequemos (Efesios 4:26). Pero a menudo, enojos sin resolver se convierten en pecado, enemistad, y en casos extremos, asesinatos (en nuestro corazón y psicológicamente – véase Mateo 5:21-22).

El enojo justo es una reacción a la injusticia y vemos ejemplos de esto reflejados en nuestro Señor mismo mientras conducía a los mercaderes fuera del templo. El celo por la casa del Señor lo consumió (Juan 2:13-17). Pero no tenemos derecho de estar enojados con un Dios perfectamente justo. Si lo estuviéramos, Su respuesta para nosotros será la misma que fue para Job y Jonás quienes cuestionaron a Dios o mostraron enojo contra Él (véase Job 38 y Jonás 4:4).

Nunca está bien enojarse con Dios, pero hay momentos en los que expresamos enojo y en esos momentos, está bien que nos arrepintamos y nos encomendemos a Él. Si estás enojado con Dios, es mejor confesarlo.

Él conoce tu corazón y no será lastimado por tus emociones. Tras confesar tu enojo hacia Él, puedes después pedir a Dios que te ayude a aumentar tu fe y aceptar el modo que Él ha permitido y controlado que las cosas sucedan como suceden.
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