¿Qué es el pecado?

El Catecismo Menor de Westminster y otras confesiones de fe, nos define el pecado como “la falta de conformidad con la ley de Dios o la transgresión de ella”; por lo que, es necesario conocer su esencia en base a términos bíblicos que a continuación examinaremos.

Infracción, no dar en el blanco, transgresión, abominación.

La Biblia examina el pecado como infracción a la ley de Dios, pues al no cumplir la ley de Dios la estamos quebrantando o infringiendo (1Juan 5.4). Las palabras más comunes para “pecado” en el hebreo y el griego significan “no dar en el blanco”, “equivocarse”, “errar” (una idea lo encontramos en Jueces 20.16). También podemos definirlo como “transgresión” a una orden o ley dada por un rey terrenal (Ester 3.2-3) o la ley de Dios (Números 14.41). El término que describe la actitud de Dios hacia el pecado y su efecto en él, es “abominación”, como por ejemplo la idolatría (Deuteronomio 7.25,26), la homosexualidad (Levitico 18.22; 20.13), etc.

Traición, perversión, rebelión, no amar a Dios y no glorificar a Dios.

Además, el pecado es visto a veces como “traición” al quebrantar la fidelidad o lealtad que se debe guardar a Dios (Levitico 26.40), también como “perversión” que se utiliza para hablar de uno que tiene el corazón “torcido” o pervertido (Proverbios 12.8), asimismo como “rebelión” que tiene el sentir de desobediencia e incredulidad (Isaías 1.2, 20; Ezequiel 2.3). Además, el pecado es visto como “no amar a Dios” (Marcos 12.30) y como “no glorificar a Dios” pues quebranta la esencia misma para lo que fue creado (1 Corintios 10.31).

Desde un punto de vista Cristo-céntrico dentro del marco general de la redención, el término clave para pecado es “transgresión a la ley de Dios”, pues fueron nuestros primeros padres los que transgredieron la primera ley que les dio Dios (Génesis 2.16,17) y por lo tanto fueron declarados culpables ante Él. No obstante, en Cristo, nuestro postrer Adán, somos declarados justos ante Dios solo por la fe en Él, pues no solo murió por nosotros, sino que vivió por nosotros, cumpliendo toda la Ley de Dios.

¡Gracias Dios por salvarme por medio de la vida y la muerte de Cristo!

 

 

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