¿Quiénes son los «enemigos de la cruz»?

Hay, por supuesto, personas que levantan la mano con orgullo cuando se les pregunta:»¿Quién es enemigo de la cruz de Cristo?». Algunos seguidores de otras religiones y ateos lo pueden afirmar. Pero existe una respuesta menos obvia a esta pregunta. Pablo dice en Filipenses 3:18, «muchos, de los que muchas veces os he hablado y ahora os lo digo hasta con lágrimas, andan como enemigos de la cruz de Cristo«. Aquí él está hablando de los miembros de la iglesia.

¿Cómo lo sabemos? En Filipenses 3:17 el habla de los buenos ejemplos y en Filipenses 3:18 de los malos ejemplos a seguir. Las personas a las que les escribe no buscarían su ejemplo de cómo vivir fuera de la iglesia. Así que Pablo escribe «con lágrimas» sobre ellos. Esto hace evidente que no está pensando en forma general en personas que no son creyentes en Dios, sino en un grupo específico de personas que él conoce personalmente. Estos se habían convertido, bautizado, eran miembros de la iglesia, y sin embargo, en sus vidas mostraban que eran enemigos de la cruz. ¿Cómo es esto posible? Por dos maneras.

¿Es Jesús tu Salvador?

Primero, el mensaje central del cristianismo es que Jesús murió en la cruz por nuestros pecados y resucitó para nuestra salvación (Romanos 4:25). La cruz nos recuerda que Jesús no es simplemente un buen ejemplo. La cruz señala nuestro pecado y deja claro el precio que se tuvo que pagar para pagarlo. Puedes ser un enemigo de la cruz por no admitir que hay algo malo en ti, tan malo que no puedes resolverlo por ti mismo, sino que necesitas un Salvador que dio su vida por ti.

Algunas personas ven a Jesús como un ejemplo inspirador y un hombre sabio. Piensan en Jesús solo como alguien que te muestra quién es Dios. Si ves a Jesús de esta manera, y solamente de esta manera, en ese sentido no necesitas la cruz. Por lo tanto, eres un enemigo de la cruz de Cristo.

Vivir en el pecado

Hay una segunda forma en la que puedes ser enemigo de la cruz de Cristo como miembro de la iglesia. La Biblia enseña que si tú crees en Cristo, estás crucificado con Él. Tu vieja vida murió con Él en la cruz. A través de la cruz de Cristo moriste al pecado. Así que si todavía amas el pecado, aborreces la cruz de Cristo.

Priorizando tus deseos

En Filipenses 3:19, se mencionan tres cosas sobre las personas que aman el pecado: «su dios es su vientre, y se glorían en su vergüenza, con la mente puesta en las cosas terrenales«. Su dios es su estómago, es decir, sus propios deseos son lo más importante. Esto se puede hacer de todo tipo de maneras. Puedes dañar tu cuerpo con alcohol o cigarrillos. De la misma manera, puedes satisfacer tus deseos sexuales fuera de los límites seguros del matrimonio. Tu estupendo coche, o tu bonita casa, o tu bonita ropa pueden ser lo primero en tu vida. De esta forma, tu vientre es tu dios. También tu vida puede girar en torno a hacer negocios o una profesión exitosa.
Esas son buenas actividades, con las cuales puedes mejorar el mundo, cuidar de tu familia y proporcionar empleo a los demás. Pero cuando se trata únicamente de dinero o prestigio, tu vientre se ha convertido en tu dios.

Hay un pensamiento popular que de manera sutil convierte a tu vientre en tu dios. Ese pensamiento dice lo siguiente: «Cristo satisface tus deseos más profundos». En cierto sentido, esto es verdad. El deseo más profundo de todo ser humano es ser feliz, tener paz y alcanzar su destino. Esto sucede a través de la fe en Cristo. Pero existe el peligro de que se piense que la felicidad definitiva la encontraremos en una relación amorosa; que tendremos paz cuando hayamos alcanzado nuestras metas profesionales; que llegaremos a nuestro meta cuando tengamos suficiente dinero para tomar vacaciones interminables. Cuando piensas de esa manera, y después opinas que «Cristo satisface tus deseos más profundos», existe el peligro de convertir a Cristo en el servidor de tus propios deseos. Entonces tu vientre es todavía tu dios.

El camino bíblico es al revés. No debemos empezar por nuestros deseos, y averiguar cómo los satisface Cristo. Debemos buscar a Cristo, y descubrir cómo Él es el cumplimiento de nuestros deseos.

Es importante la forma de vivir

Después, se nos dice de los enemigos de la cruz: «se glorían en su vergüenza«. En otras palabras, se enorgullecen precisamente de lo que deberían avergonzarse a los ojos de Dios. Tal vez lo que Pablo quiere decir es que ellos dicen: «como Cristo perdona todos nuestros pecados, podemos vivir como queramos». Para ellos, no importan las acciones y se enorgullecen de sus prácticas, pero son su vergüenza. No vamos a decir hoy que no importa cómo se vive. Es un peligro que no tomemos en serio el pecado. ¡ Todo pecado es una vergüenza! ¿Estás consciente de ello? ¿Aborreces el pecado? ¿Haces todo lo posible por evitar el pecado?

Prioridad a las cosas terrenales

Finalmente, se menciona que los enemigos de la cruz tienen sus mentes «puestas en las cosas terrenales«. ¿Qué quiere decir Pablo con esa frase? Después de todo, si se vive en la tierra, es bastante obvio pensar en las cosas terrenales. De hecho, esto tiene que ser así. Si nadie se asegura de que haya comida en la mesa, tendrás hambre. Vivimos en la tierra y tenemos que ocuparnos de las cosas terrenales.

Pero lo que Pablo quiere decir aquí es que únicamente piensan en las cosas terrenales y las actividades terrenales son más importantes que las celestiales. Si haces esto, eres un enemigo de la cruz. En la cruz se nos muestra que el Señor Jesús estuvo dispuesto a renunciar a las cosas terrenales para ganar las celestiales por nosotros. La cruz nos recuerda que Cristo no se quedó en esta tierra por qué Su Reino no es de este mundo y hay un camino al cielo. No se puede ser amigo de la cruz y al mismo tiempo encontrar las cosas terrenales más importantes que las celestiales.

Al leerlo de esta forma, esta frase te llega como una seria advertencia, incluso como miembro de la iglesia.
¡No seamos enemigos de la cruz de Cristo!

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