Seguir la guía de Dios

Why are there different views on the value of the Bible?

«Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron» (Mateo 4:20).
Leer: Éxodo 3:7-14; 2 Reyes 4–6; Lucas 24:36-53

En marzo de 1974, cuando el Señor me llamó al ministerio y prepararme en el Seminario internado, que quedaba a un par de horas de mi casa en bus, me di cuenta de que tal vez no regresaría a vivir allí después de graduarme. Mi mente se volvió un torbellino: ¿Cómo podré dejar mi casa, mi familia, mi iglesia? ¿Y si Dios me llama a otro estado u otro país? Y así fue; no regresé más a vivir en mi casa, ni volví a mi iglesia; el Señor me llevó a una provincia, lejos de la capital de Lima.

Obediencia

Sentí miedo, como Moisés cuando Dios le dijo que fuera «a Faraón, para que sacara de Egipto a su pueblo, los hijos de Israel» (Éxodo 3:10). No quería dejar mi zona de confort. No quería dejar el Seminario después de haber vivido allí cuatro años. Sí, Moisés obedeció y siguió a Dios, pero recién después de cuestionarlo y pedirle que lo hiciera otra persona (vv. 11-13; 4:13).

El ejemplo de Moisés nos enseña lo que no debemos hacer frente a un claro llamado. En cambio, debemos esforzarnos para ser como los discípulos, quienes, cuando Jesús los llamó, dejaron todo para seguirlo (Mateo 4:20-22; Lucas 5:28). El miedo es algo natural, pero podemos confiar en el plan de Dios.

Nuestras vidas cómodas

Cuando se nos llama a dejar nuestra zona de confort, podemos ir contra nuestra voluntad, como Moisés, o responder con buena disposición, como los discípulos. A veces, esto significa dejar muy lejos nuestras vidas cómodas. Pero, independientemente de lo difícil que sea, vale la pena seguir al Señor.

¿Por qué seguir al Señor? Primero, porque Él es nuestro ejemplo de vida. Segundo, porque Él dio su vida por nosotros. Tercero, porque es capaz y prometió suplir todo lo que nos falta.
Cuarto, porque Él llena necesidades de felicidad, de seguridad, de contentamiento, de esperanza, y de satisfacción. Y quinto, porque seguirle alienta a otros a hacer lo mismo.

Qué pide el Señor de nuestra

¿Cómo debemos seguir al Señor? De cerca, en obediencia a Él y a su Palabra, en comunión diaria con Dios, y con los demás, en hostilidad frente al pecado, sin atrasarse ni adelantarse, con celo y con buen juicio, con amor y compromiso.

«Señor, ayúdame a seguirte dondequiera que me guíes«.
No se nos llama a estar cómodos.

Ten buen ánimo!!

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